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02/08/2006
QUE SE NOS NOTE EL OBJETIVO
nos hizo perder la guerra.
SOMOS LA LIBERTAD
El socialismo ara los campos de la mente, crea opinión. La opinión, clara y profunda, es lo necesario para la victoria final, para la lucha final. O sea, no basta con fabricar antiopinión. Que la gente sepa que la derecha es perjudicial para la psicología del cerebro no significa que, automáticamente, vaya a ser socialista: este es uno de los errores de la política socialista actual: no basta con denigrar: hay que llevar el agua a nuestro molino.
O sea, el socialismo necesita un espíritu plano sobre el que arar, y arar, entre nosotros, significa poner en la disyuntiva entre la libertad y la tiranía, teniendo en cuenta que nosotros somos la libertad, parezca o que parezca. Socialismo es Libertad, y de eso nadie debe dudar. Cuando la sociedad queda convencida de eso lo demás es fácil. ¿Cómo es posible -les diremos- que se consienta ir contra el progreso o contra que somos dueños de nuestro cuerpo para abortar, y a favor del la guerra o de Israel? ¿Cómo permitir que se esté del lado de los bancos? La libertad verdadera, ya se sabe, exije que se prohiban muchas miserias del pasado, como el calentamiento global. ¿Creen que no liga, que no casa el pasado miserable con el calentamiento? Se equivocan: la gente relaciona las cosas sin pararse a razonarlas. El calentamiento es de derechas, lo hacen las Sociedades Anónimas y la energía atómica. Y decir "Son las preguntas carcas de siempre y de los de siempre" si alguien quiere saber qué se hace con las centrales nucleares de la antigua URSS. La democracia verdadera es, sencillamente, reprimir a los inicuos y si éstos no lo fueran, ¿por qué no militarían en el socialismo?.
Se ha cometido un error, que pocos notan, haciendo que nuestras medidas socialistas se perciban como "Defensa de la Democracia", porque algunos creen que nos portamos como liberales. Pero se ha reparado consiguiendo que esa "democracia" se pre-sienta como socialista y republicana, que es la única posibilidad verdaderamente democrática, como lo fue la República. Ni siquiera hubo dos repúblicas, sino dos democracias, derribadas las dos por "los de siempre".
10/08/2006
LA BOMBA SIN VÍCTIMAS NO SIGNIFICA LO NECESARIO
Leemos en un periódico derechista una descalificación a los valientes reporteros de guerra. Dice el periódico, pero no lo prueba, que el fotógrafo Adnan Ajj, que vendía a Reuters, "embellecía" las fotos de guerra, retorćandolas para aumentar los campos de ruinas y para mostrar cadáveres que no estaban allí. El poder israelí es tan abundante que ahora todos los medios a su servicio -todos los que no lo están al nuestro- han admitido que en Houla no hubo ningún muerto y que, por lo tanto, no existió lo que se anunció como "Un nuevo genocidio de Israel". Hasta el timorato y rebasado presidente del Líbano lo ha admitido.
No se trata ya de la fuerza israelí para negar los hechos sino de que las potencias del mundi temen decir la verdad y prefieren conformarse con las versiones capitalistas que descargan la responsabilidad del Estado de Israel. Nadie osará pararle los pies mientras Estados Unidos sea su gran colonia y su aliada para lo bueno y para lo malo. De esta forma, una matanza como la de Houla ha pasado a convertirse en ficción y nadie recordará con horros las fotos trágicas de Adnan Ajj, al que han perjudicado profesionalmente por servir los intereses de la oligarquí militarista. Se trata, como vemos, de matar y negarlo para que la gente, confundida, no pueda crearse opinión sobre el exterminio del Líbano.
Además, lo importante de los hechos, de lo que creemos que sucede, no es el número de muertos sino la medida en que esos cadáveres apoyan nuestras predicciones y hacen certeras nuestras ideas. La muerte de un amalecita no significa nada hasta que se reviste con el dolor y la injusticia y se siente como amenaza a la humanidad.
Lo que importa del amalecita es quién le mata y por qué, y si se le puede relacionar con la conjura contra la calse trabajadora, contra los pobres molestos que también quieren una patria independiente. Una víctima de la injusticia capitalista, de los despiadados negocios mundiales dominados por el lobby israelí de los Estados Unidos, es la demostración de lo que llevamos dos siglos diciendo: que los ricos sacrifican a los pobres, después de explotarlos, y que estamos indefensos ante ellos si no tomamos el poder.
En otras palabras: si los ensangrentados muertos de Houla no murieron, han servido como si hubieran muerto y, en ese caso, siguen siendo ciertos. Reales. Muertos les vimos en los televisores, víctimas mudas que demostraban la crueldad de Israel y su cínica conspiración con Estados Unidos. Aquellos muertos falsos murieron en realidad y es más beneficioso para la paz y para el progreso considerarlos muertos completos y no un error sin importancia de una agencia de noticias como Reuter, seguramente también participada por los sraelíes.
11/08/2006
LA IDEA PRÁCTICA
Es probable que más del noventa por cien de nuestros militantes considere que las ideas, incluso las nuestras, no son capaces de configurar el mundo ni de mover a las masas. Las ideas solas, no. Y más cuando algunos, ortodoxos pero poco prevenidos, andan recitando que no hay verdades al margen de la época, de su tiempo histórico. Estos pobretes, con su mejor voluntad, a fuerza de filosofías desbocadas, no comprenden que con tales explicaciones tiran piedras sobre nuestro tejado de cristal:
Si las verdades no subsisten más allá del tiempo, ¿cómo decir a nuestra gente que el socialismo es verdad y promesa cuando saben todos que el socialismo nació en el Siglo XIX y estamos ya en el XXI? ¿Qué hacer para que el votante siga confiando en que el socialismo es una certeza de alcanzar un mundo mejor dentro de unos plazos históricos si muchos de nuestros machacas intelectuales siguen diciendo lo contrario?
Afortunadamente a nuestro votante medio la verdad le importa muy relativamente cuando no nada. Lo nuestro va de mandar y, desde el poder, cambiar la sociedad sin que en ello intervenga la suposición de que tenemos la verdad. Basta con tener el poder y usarlo en beneficio de la causa y de los causantes. No obstante, para que algo sea viable, mal que nos pese, ha de disponer de ideas viables y de una capacidad de acción e insistencia que haga viables las que son naturalmente imposibles. O sea, se puede y se debe hablar del bien común, por ejemplo, pero no puede facilitarse desde una ideología, la que sea, porque el Bien Común sólo lo será en función de algunos y siempre habrá quien lo niegue. Por eso el bien común ha de responder sólo a nuestros planteamientos y, además, ser impuesto aún en contra de una mayoría.
Una eficiente y reiterativa propaganda, más la acción indiscriminada sobre la enseñanza y sobre la práctica, ha conseguido que la gente acepte las políticas sin imaginación. Es fundamental porque, o nos atenemos al mensaje original socialista o aceptamos que hay que innovar, con lo que el socialismo facilitaría su propia desaparición. En breve encontraríamos a quienes nos recordaran que, desde 1800, casi todo ha pasado de moda. Lo nuevo, como repetimos al hablar del progresismo, siempre es bueno, menos en política. Las novedades, para la moda y la electrónica.
Nuestro cinturón de seguridad y de supervivencia, se basa en que la antinomia política no se pase: existen el socialismo y "lo demás". Por lo tanto, todo el sistema se basa en una lucha de tradiciones. Una lucha inacabable que nos conviene siempre que se evite, por todos los medios, que lleguen novedades a esa política. O sea, como siempre. Las novedades, todo lo más para la historia que, por eso, conviene reescribir periódicamente. Pero los que de verdad diseñamos el panorama social debemos saber, aunque no transmitir, que el Socialismo Constante es lo contrario a la novedad o que la novedad es el telón de fondo de la constancia en una idea. La estrategia nos obliga a ser conservadores.
Porque cuando todo es barrido por la novedad acelerada -a la que contribuimos- el hombre necesita un punto de referencia inmóvil. Si la naturaleza no lo presta, hay que imaginarlo. El hombre, pues, debe hallar esa inmovilidad tranquilizadora en la política: una posición donde las cosas sigan siendo como siempre: una cosmología constante, una seguridad evolutiva que siempre diga lo mismo sobre lo mismo, que siempre prometa lo mismo para la parte invariable del mundo que nosotros llamaremos justicia. Una costumbre estable, que nos permita, como ahora, identificarnos con una república de hace 75 años sin que nuestra gente nos considere en absoluta involución. Estrategia y táctica.
No debe confiarse a las masas, pero lo cierto en el Siglo XXI es que las dos ideologías que se reparten la justificación del planeta consisten en la conservación de su primer mensaje básico, tarea en la que se han gastado diez generaciones de esforzados militantes. Todo cambio desvirtúa y, por lo tanto, somos necesariamente conservadores del socialismo y no tenemos ya la libertad de cambiar. Ni casi la de fingir los cambios. Un error y la historia nos dejaría atrás. Afortunadamente al liberalismo le sucede lo mismo y hemos aprendido a mantener un estatu quo en el que estamos aliados para que no penetren en la sociedad otras visiones ni de justicia ni de libertad ni de la misión temporal del hombre en la tierra.
Como es lógico -y esto ya es puro campo de ideas prácticas- las demás cosas invariables que anclan al hombre en realidades distintas de la nuestra deben ser echadas al olvido y se convierten en nuestras enemigas naturales: Dios, la bimilenaria Iglesia, la Patria como unidad de empresa, la moral básica e inmutable, la familia que llamamos tradicional con acierto. Deben desaparecer para no desaparecer nosotros.
Afortunadamente tenemos un gran aliado para esto: la Naturaleza Humana, que sigue invariable desde el principio de los siglos y que siente pasión por el cambio, por los nuevos tiempos, sin resignarse a creer que los tiempos son siempre los mismos, definidos por la única e invarible relación entre los poderosos y los oprimidos. Todo esto ya se ha resumido en una frase antológica: "Con nosotros hará lo que quiera, si quiere lo que nosotros: ser residual y permanecer antes que ser nuevo y desaparecer". ¿Por qué residual? Por el momento, a Socialismo Residual se corresponde una España Residual y conviene que recordemos que el Patriotismo, según el fundador, es una de las principales herramientas de la clase explotadora.
21/08/2006
TOP SECRET
Esto ha sido un error, un trabajo de arte de metemuertos y tiralevitas y, lo que es peor, una labor de aliño que no era necesaria como no lo era defender a la difunta República Federal alemana. Si algo decimos, si algo debemos decir, es que "no somos ellos", o sea, las gentes de los países satélites comunistas, rendidos al capitalismo hace ya años, y tratar de defender las memorias salvajes de las que los americanos hacen burla ligera. Comedieta.
Desde la casa de Polanco, en su sección televisiva, algún obsequioso ha necesitado censurar el dobleje necesario de unas escenas en que el pueblo soberano canta el himno de la república en alemán. Himno falso, sin duda, que se traducía con subtítulos donde los cantantes se manifestaban por la tiranía, la guerra total, la tortura y otras costumbres raciales. Ni siquiera la letra era sangrienta sino burlona, con todos aquellos soldados comunistas vestidos de alemanes de la II G.M, o, como se lee en Internet mucho, de la WW2. No había necesidad de defender ni aquellos tiempos ni aquellas Democracias Populares. Se dejó establecido al llamar a los países comunistas regímenes de Socialismo Real, que tampoco fue brillante idea, pues parecía que nosotros ofrecíamos un socialismo ireal, nebuloso, de palabra y no de obra.
"Top Secret" es una película divertida y subrealista, donde hay caballos que cantan, vacas que protagonizan golpes de mano, calzadas con botas germanas, peleas en salones del Oesta sumergiodos en los ríos alemanes y hasta un tunel hecho por un preso que cuenta con no menos de cuatro carriles, más aceras y perfectamente alumbrado por farolas enormes: y un imán que atrae a los submarinos desde el lejano mar, y un tenor llamado Placidov Domingovitz, todo entre las conspiraciones de una sección de la resistencia francesa (en este tiempo y en Alemania) con gentes llamadas Canapé, Café au Let, Croisant, Filet Mignón y otros hallazgos de la cultura francesa. Y mucho rock and roll tocado por bandas de ancianos que hacen una burla de las bandas de rock más distinguidas del planeta.
Censurar una película así por un asunto sentimental, es hacerse solidario de lo criticado, o sea, de aquella nación desquiciada, con muchachas atletas quue pesaban, quizá, 150 kilos y estaciones de ferrocarril móviles que avanzaban entre trenes detenidos y disparaban sobre gentes que hacían contrabando de galletas de perros. Censurar Top Secrete es como hacerlo con NinostKa o la divertida "Uno, dos, tres", que narra peripecias de la casa Cocacola establecida en el Barlín anterior al muro. Un mal negocio que, si lo percibe la gente, nos equipara a aquellos comunistas que el ejercito rojo estableció como presidentes y ministros de naciones invadidas por las URSS.
Somos muy libres de simpatizar con aquellas cosas o de sentir la nostalgia de los regímenes que tanto nos ayudaron en los años negros, pero no podemos dar la sensación de que aún los defendemos. El trabajo de censura hecho por la factoría Polanco para enmascarar la letra de un himno falso que todos los espectadores reconocen falso, es, solamente, un modo de enseñar la oreja marxista: ésa que ya habíamos convenido en silenciar para esquivar la herencia de Stalin o la de de los otros hirvientes camaradas.





